“Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en Él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré.” Salmos 28 7
Ciertamente, Dios es nuestro escudo y fortaleza, pero note en este verso que dice que primero viene la confianza en Él y luego Su ayuda. Esto es un llamado a que aumentemos nuestra fe en Él, que entendamos que, para poder tener su protección, primero debemos creer en Él y creerle a Él.
No basta con creer en Dios, debemos también honrarlo y obedecerlo por medio de la fe y la confianza en Él, dice Santiago 2:19 “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.”
Una vez que tenemos esa fe y confianza, Él nos ayuda, recordemos la historia descrita en Mateo 15 sobre aquella mujer cananea que le pedía a Jesús que libertara a su hija que estaba poseída por demonios, Jesús en un primer momento se negó, pero ella luego reconoció que no era del pueblo de Israel, pero que tenía fe y reconocía el señorío de Jesús, de inmediato Jesús alabó su fe y su hija fue liberada.
Amado Padre, creo y confío en Ti, ayúdame en mi necesidad, amén
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es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
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«Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subi…
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