«Tú con tu mano echaste las naciones, y los plantaste a ellos; afligiste a los pueblos, y los arrojaste.» Salmos 44:2
La conquista de la tierra de Canaán no hubiera sido posible si la mano de Dios no hubiera ayudado al pueblo de Israel a echar las naciones que se encontraban en aquella tierra, pues se trataba de ciudades fortificadas y pueblos adiestrados para la batalla, mientras que la experiencia de Israel era solamente su paso por el desierto y haber salido de la esclavitud y no tenían fortalezas, ni armas de guerra sofisticadas. Recordemos, por ejemplo, lo que sucedió con Jericó, cuyos muros se cayeron con el solo sonar de las trompetas y los gritos del pueblo de Israel; o la derrota de los amorreos, en la que Dios intervino, según leemos en Josué 10:11 «Y mientras iban huyendo de los israelitas, a la bajada de Bet-horón, Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, y murieron; y fueron más los que murieron por las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada»
De esa misma manera sobrenatural es la relación de Dios con nosotros, puede haber miles de enemigos queriendo hacernos daño, pero a todos los enfrentamos de la misma manera, con las armas espirituales. Sean demonios, sean brujos, sean hechiceros; todos se someten al nombre que es sobre todo nombre. En ese sentido, Efesios 6:12 nos revela lo siguiente «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes» y además encontramos en 2 Corintios 10:4 «porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortaleza».
De lo anterior entendemos que la lucha nuestra es sobrenatural, por tanto, las armas que Dios nos da también lo son. Una orden dicha con autoridad echa fuera un demonio, una palabra certera destruye toda hechiceria o enfermedad y hace arder cualquier altar satánico. Confiemos plenamente en Aquel que dijo en Lucas 10:19 «He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.»
Oración: Amado Padre, confío en Ti y en las armas que me has dado para derrotar al enemigo, amén
es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
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