«Que todo el tiempo que mi alma esté en mi, y haya halito de Dios en mis narices, mis labios no hablarán iniquidad, ni mi lengua pronunciará engaño.» Job 27:3-4
Esta declaración de Job es tremenda, porque se está comprometiendo con Dios a no hablar iniquidad, ni decir mentiras, y digo que es tremenda porque se necesita un control y dominio propio muy elevado para cumplir esta promesa.
La iniquidad no es solamente un pecado, es el origen mismo del pecado y está relacionada a la rebelión contra Dios, al desprecio por las cosas de Dios o a una profunda perversidad y maldad. Usted dirá que nunca ha hablado iniquidad a la luz de la anterior definición, vamos a revisarnos nuevamente, porque algunas veces el Señor nos muestra un camino y nosotros decidimos no seguirlo, sino confiar en nuestras propias fuerzas o simplemente colocamos primero nuestras necesidades, sentimientos o emociones y en segundo lugar lo dicho por Dios, o simplemente preferimos ignorar las advertencias del Eterno, esto evidentemente es rebeldía, iniquidad, raiz de pecado y semilla para la maldad, igualmente es una semilla de pecado cuando murmuramos de los demás, atentado contra la reputación de la otra persona.
Lo otro que promete Job es a no hablar engaño. Acá quiero aclarar que las mentiras no tienen apellido, no hay mentiras blancas, piadosas o de cualquier otra indole, solo hay mentiras y de eso tenemos que cuidarnos mucho, es más importante mantener nuestra integridad y temor de Dios que cualquier otra cosa, por tanto, la verdad debe prevalecer y asumir toda consecuencia.
Si usted ha caído en esa espiral de rebeldia, no debe sentirse solo o abandonado; al igual que el hijo pródigo, usted y yo siempre contamos con los brazos del Padre esperando por nosotros, esperando que nos percatemos de que no es entre la inmundicia que debe estar un hijo de Dios, sino levantarnos, lavarnos y correr a sus brazos. Todos podemos pecar de alguna manera, por eso Dios ha dejado en su palabra en 1 Juan 2:1 «Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.»
Oración: Amado Padre, al igual que Job me comprometo hoy a no hablar iniquidad, ni engaño, amén
es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
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