«Edificó su casa como la polilla, y como enramada que hizo el guarda.» Job 27:18
Job está comparando al hombre impio con una polilla, este animal es una plaga que daña los tejidos como lana y seda, aunque también daña las pieles y cueros. La polilla suele hacer sus nidos en lugares oscuros y de poca actividad.
En lo espiritual, una polilla puede venir a la vida de un creyente que esté permitiendo que las tinieblas avancen en su vida, por ejemplo, si ya no está orando como antes, o si sencillamente ha dejado de orar; recordemos lo que dice 1 Tesalonicenses 5:17 «Nunca dejen de orar.» También si ha dejado de congregarse o se congrega para criticar al pastor y al resto de la congregación, según Hebreos 10:25 «no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.»; las tinieblas entran también si el creyente se está permitiendo decir palabras soeces, contradiciendo Efesios 4:29 «No digan malas palabras, sino palabras que ayuden y animen a los demás, para que lo que hablen le haga bien a quien los escuche». Finalmente podemos caer en las tinieblas si mantenemos malas actitudes, como lo señala Efesios 4:31: «Quítense de ustedes toda amargura, ira y enojo, gritos, calumnias y malicia.» En 2 Corintios 2:11 encontramos una sugerencia para estar siempre pendientes de las trampas del enemigo: «para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones».
Para contrarrestar todo lo anterior, debemos permanecer en oración y buscar el momento para presentarnos ante Dios; no importa la hora ni el sitio: lo importante es mantener esa comunicación con el Eterno. El otro punto es congregarse, vencer todo obstáculo que te pueda colocar el enemigo y llegar a tu iglesia. Vigila también las palabras que dices, no solamente para no decir vulgaridades, sino también para no murmurar, no quejarte, no maldecir, sino usar los labios para bendecir. Para terminar, tenemos que estar pendientes también de nuestras actitudes, dejar que el fruto del Espíritu se manifieste en nuestras vidas: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio.
Oración: Amado Padre, no permitiré que las tinieblas hagan casa en mí, me mantendré atento a las trampas del enemigo y las actitudes propias que puedan alejarme de Ti. Amén.
es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
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