“Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión.” Romanos 2:25
Pablo estaba claro de que gran parte del pueblo judío confiaba más en las señales externas y en las tradiciones que en guardar la palabra de Dios. Por eso les dice que, si son transgresores de la ley, las cosas externas no tienen importancia, sino que vienen a ser desechados.
La soberbia de los judíos les llevaba a creer que era imposible estar fuera de la cobertura de Dios si mantenían las apariencias. Por eso Jesús les dijo en Mateo 3:9 “y no presuman diciéndose a sí mismos: “Nosotros somos descendientes de Abraham”; porque les aseguro que incluso a estas piedras Dios puede convertirlas en descendientes de Abraham.”
Pertenecer a un grupo determinado de persona, o seguir ritos y costumbres de nuestros antepasados no nos hace ser cristianos, sino el reconocer nuestros pecados delante de Dios, arrepentirnos de ellos y cambiar totalmente, dice Hechos 3:19 “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”
Amado Padre, perdona mis pecados, me arrepiento de cada uno de ellos, en adelante seré un nuevo hombre, lavado por la sangre de Cristo, amén.