“Diré yo al SEÑOR: “¡Refugio mío y castillo mío, mi Dios en quien confío!”.” Salmos 91:2
En su momento, un castillo era un refugio seguro para todos los que se mantuvieran al resguardo del rey. Su estructura permitía guardar alimentos, agua, y armas de defensa contra cualquier enemigo.
Si creemos realmente lo que dice cada palabra de la Biblia, deberíamos estallar de júbilo con esta promesa de parte de Dios. Él es nuestro castillo y refugio, estamos resguardados en Él.
La confianza en Dios debe acompañarnos siempre y en todo momento, no podemos estar un día encendidos en el fuego del Espíritu Santo y al día siguiente sentirnos derrotados. Eso no viene de Dios, sino del enemigo que quiere vernos derrotados y sin esperanza.
Dios es poderoso, mucho más que el que quiere nuestra muerte, esa característica de Dios la menciona 1 Juan 4:4 “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.”
Ese poder sobre toda fuerza del enemigo nos da la confianza que necesitamos para saber que triunfaremos hoy y mañana también, en el nombre de Jesús.
Amado Padre, eres la Espada que Siempre Vence,amén.