“instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad.” Romanos 2:20
Los judíos tenían en la Tenaj o Antiguo Testamento su regla de vida, creyendo que en ella tenían la verdad y el conocimiento, sin embargo, no se percataron del cumplimiento de las profecías contenidas en sus propios libros sagrados.
En Jesús se cumplieron todas las profecías dadas en el Antiguo Testamento, desde el nacimiento virginal, hasta la muerte entre delincuentes; pero los judíos no lo creyeron porque ellos esperaban un mesías humano que los liberara del imperio romano.
Ese Jesús verdadero, el que es completamente hombre y completamente Dios, ése en el que creemos, es el que debe dictar nuestra verdad y nuestra ciencia, sus palabras son sabiduría para vida eterna, sus promesas son ciencia para entender lo sobrenatural.
Si queremos entender esa verdad y ciencia es necesario que leamos la Biblia, no como quien lee un libro de historia, sino con el deseo de conocer más de Dios. Una vez que comencemos a leer también es necesario pedirle a Dios que nos dé esa sabiduría para entender su Palabra y luego hacerla nuestra guía de vida
Amado Padre, haré de tu palabra mi forma de ciencia y verdad, amén.