“Mírame, y ten misericordia de mí, porque estoy solo y afligido.” Salmos 25:16
La soledad es una sensación que puede invadirnos, aunque estemos rodeados de personas, es una sensación de no tener dónde ir o nadie con quien hablar, no se trata de las personas que nos rodean, se trata de nosotros mismos que nos sentimos como abandonados, como si no le importamos a nadie y estamos ansiosos de una palabra de aliento, de una palabra de amor y eso nos causa aflicción.
Cuando Jesús estuvo en Getsemaní se sintió solo, sus discípulos estaban lejos durmiendo y Él oraba al Padre pensando en la hora de dolor y desprecio que estaba por pasar y sabía que lo mejor que podía hacer era acercarse al Padre buscando apoyo.
Si en algún momento de nuestras vidas nos sentimos así, solos, abandonados, con poca esperanza, debemos arrodillarnos y orar con todas nuestras fuerzas, le aseguro que será confortado, leemos en Isaías 41:10 “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”
Amado Padre, Tú eres mi refugio, me guardarás en tiempos de angustia, amén.