SU MISERICORDIA

«Levántate, socórrenos y redímenos por tu misericordia.» Salmos 44:26

La misericordia de Dios tiene que ver con ese amor inmenso que Él tiene hacia usted y hacia mi, ese perdón y auxilio que en todo momento nos ofrece.

La misericordia de Dios está a disposición de todos, Él no hace acepción de personas, es decir, nos trata a todos por igual, nos ama profundamente y no quiere que nos perdamos. La decisión de perderse o no está en nuestras manos, no en las Suyas, Él nos dejó Sus ordenanzas y puso personas delante de nosotros para darlas a conocer, pero somos nosotros los que decidimos creer o no, recuerdo que una vez oraba por un amigo y el Señor le envió un mensaje «te quiero aquí conmigo, no te quiero en el infierno», dando a entender que el destino de nuestra alma lo tenemos nosotros en nuestras manos; Juan 3:18 dice «El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.»

Veamos lo que la Biblia dice sobre la misericordia de Dios en Lamentaciones 3:22.23 «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad» para entender mejor el tema, podemos citar también Salmos 103:10-11 «No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen.» Note que estos últimos versiculos nos hablan de que nuestros pecados debían habernos llevado a ser condenados, pero la misericordia de Dios lo lleva a no darnos según esos pecados, sino ofrecernos Su gracia, Su misericordia para ser salvos por puro amor, por fe en Jesucristo.

Concluimos entonces que Dios no quiere que nos perdamos en el fuego eterno del infierno, sino que estemos junto a Él, por eso es por lo que envió a Jesús para que Él pagara por nuestros pecados y pudiéramos nosotros tener acceso a la salvación, pero la decisión final está en manos nuestras.

Oración: Amado Padre, acepto tu misericordia por medio de mi fe en Jesucristo. Amén.