“y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador,” Tito 1:3
Pablo había sido comisionado por Dios para llevar el Evangelio a los no judíos y a eso dedicó su vida, él mismo lo manifiesta en Efesios 3:7-9
“del cual fui hecho ministro, conforme al don de la gracia de Dios que se me ha concedido según la eficacia de su poder. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, se me concedió esta gracia: anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo, y sacar a luz cuál es la dispensación del misterio que por los siglos ha estado oculto en Dios, creador de todas las cosas”
Muchas veces hemos dicho o escuchado decir que el tiempo de Dios es perfecto y para la época en la cual Jesús vino a la tierra por primera vez estaban dadas las condiciones para que el Evangelio se propagara, había caminos construidos por el imperio romano para unir todas las regiones de este y estaban custodiados por el ejército.
El idioma se usaba como idioma común en todo el imperio y había paz que permitía viajar sin mayores contratiempos. Por eso dice el verso que la predicación fue a su debido tiempo, es decir, en el momento perfecto.
Amado Padre, no quedará nada oculto que no salga a la luz.