“Alzaré mis ojos a los montes, ¿de dónde vendrá mi socorro?” Salmos 121:1
Continuamente vemos anuncios en los diversos medios de comunicación de personas que ofrecen diferentes formas para ayudar a otros en sus problemas cotidianos, leemos de nuevos métodos psicológicos, de nuevos libros de renombrados autores, de políticos ofreciéndose como panacea a todos los males de la nación y hasta brujos, adivinos e “iluminados” que aseguran que ellos son quienes tienen la solución
Ninguno de estos personajes puede realmente darnos el necesario socorro, dice el verso 2 de este salmo “mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra”.
Si tenemos por Padre a Aquel que hizo los cielos y la tierra, para qué vamos a acudir a alguien más, por otra parte, tenemos el acceso directo a Él, sin necesidad de intermediarios.
Hebreos 4:16” Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” y dice Lucas 1:37 “porque nada hay imposible para Dios” y Mateo 6:9 dice “Vosotros, pues, orareis así: Padre nuestro…” y Jeremías 33:3 “Clama a mí y yo te responderé…”
Él es nuestro padre, no hay nada imposible para Él y puedo hablarle en cualquier momento y Él escuchará y responderá.
Amado Dios, sé que me amas y me escuchas, amén.