«El oro no se le igualará, ni el diamante, ni se cambiará por alhajas de oro fino.» Job 28:17
El valor de ser salvo no es comparable a ninguna joya o tesoro físico. Nada en este mundo puede comprar la salvación, su precio es tan grande que solo la vida de una persona pudo hacer la diferencia.
El sacrificio de Jesús compró tu salvación y la mía, fuimos comprados a precio de sangre según leemos en 1 Pedro 1:18-19 «sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación». Y no fuimos comprados para hacer lo que nos plazca, sino para vivir conforme a la voluntad de Dios; de eso nos habla 1 Corintios 6;20 «Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios». Este último verso indica que hemos sido comprados para glorificar a Dios con nuestro cuerpo y nuestro espíritu.
Con el cuerpo glorificamos a Dios cuando nos mantenemos alejados del pecado, cuando no damos nuestro cuerpo a la inmundicia, a los vicios o al robo, a la fornicación, a la lujuria y al exceso. Mientras que, en el caso del espíritu, glorificamos a Dios cuando lo alabamos, cuando declaramos Su grandeza y Su poder; adorar a Dios es glorificarlo en espíritu. De ello nos habla Juan 4:23 y 24 «Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad, es necesario que adoren.»
Amado Padre, te glorificaré con mi cuerpo y con mi espíritu, Amén.
es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
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