«Yo era ojos al ciego, y pies al cojo.» Job 29:15
Job dice que él era ojos al ciego y pies al cojo. Entendemos que quiere decir que ayudaba a cada persona de acuerdo a sus necesidades.
Jesús iba más allá de eso, porque devolvía la vista a los ciegos y la movilidad a los cojos. Uno de esos casos está narrado en Juan 9:6 y 7: «Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo». Por su parte, en Juan 5 encontramos la historia del cojo que fue sanado, leamos los versos 8 y 9: «Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.»
No es lo mismo ayudar a alguien con nuestras propias fuerzas que permitir que Jesús realice una obra sanadora y transformadora en su vida. Podemos tomar a un ciego de la mano y ayudarlo a cruzar la calle, pero al llegar al otro lado seguirá ciego. Jesús, en cambio, tiene el poder de abrir sus ojos. Por eso, en lugar de llevar a las personas solo al «otro lado de la calle», llevémoslas a los pies de Cristo.
Amado Padre, demuestra tu poder sanando a quienes vienen a tus pies. Amén.
es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
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