“Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo” Génesis 22:10
Es incomprensible para nosotros el hecho de que Abraham prefiriera ser obediente a Dios, en lugar de preservar la vida de su hijo, el de la promesa, el que tuvo con su legítima esposa, ese en quien le sería llamada descendencia.
Pero Abraham entendió que el amor a Dios se demuestra con una obediencia sin restricciones, sin sombra de dudas, ya había comenzado a trabajar en la obra de Dios y no le era dado el mirar atrás.
Años después Jesús lo expuso en Mateo 10:37 “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí”, ciertamente, Abraham amó más a Dios que a su hijo, eso lo hizo digno de Él.
El mismo Jesús se rindió a la voluntad del Padre en Getsemaní, cuando iba a ser entregado, leemos en Mateo 26:39 “Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú”.
Amado Dios, te entrego mi obediencia absoluta, sea hecha tu voluntad en todas las cosas de mi vida, amén.
es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
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