“Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego” Juan 9:2
Los discípulos de Jesús, al ver al hombre ciego, de inmediato le juzgaron, al pensar que él o sus padres eran los culpables por el hecho de que hubiese nacido ciego; en realidad los que estaban cegados eran los discípulos, porque nadie lleva sobre sus hombros el pecado de otro
Dice Jeremías 31:30 “porque cada quien será responsable de sus propios actos. En otras palabras, cada uno de ustedes morirá por su propio pecado”.
Así, pues, no aquel hombre no era ciego por el pecado de sus padres, sin embargo, tampoco lo era por los propios, porque el verso 3 dice “Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él”.
Y la obra de Dios no es sólo el sanar, sino destruir el pecado, leemos en 1 Juan3:8 “El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto fue manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo.”
Amado Padre, el pecado no tiene cabida en mí, porque Tú me redimiste, amén.
es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
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«La voz de los principales se apagaba, y su lengua se pegaba a su paladar.» Job 29…