“Jehová Dios mío, a Ti clamé y me sanaste” Salmos 30 2
Dios es nuestro médico por excelencia, en el Antiguo Testamento los hombres clamaban a Dios por sanidad, a menos que un profeta les indicara hacer algo, como el caso de Naamán, a quien Eliseo le dijo que se bañara siete veces en el río Jordán para ser sanado de su lepra, o el rey Ezequías, a quien el profeta Isaías le indicó colocarse tortas de higo sobre la llaga para ser sanado.
Hoy en día tenemos las directrices que nos dejó Jesús, leemos en Marcos 16:17 y 18 “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.”
Note que ya no es necesario ninguna otra fórmula, solamente orar por el enfermo en el nombre de Jesús, no tenemos que acudir a ritos, llamar espíritus de personas muertas o nada por el estilo, solamente creer y ungir con aceite al enfermo, como lo dice Santiago 5:14 y 15 “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados”
Amado Jesús, oraré por los enfermos en Tu nombre, amén.
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es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
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