«El camino del perezoso es como seto de espinos; mas la vereda de los rectos, como una calzada.» Proverbios 15:19
La persona perezosa no progresa ni prospera, pues se niega a esforzarse para alcanzar las metas que se propone. Y esto no se limita al ámbito material, sino que afecta profundamente lo espiritual.
La Biblia nos enseña que nuestra vida de fe debe ser esforzada y constante. En Romanos 12:11-12 se nos insta: «En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración.» Note cómo estos versículos asocian la diligencia con la constancia en la oración; es decir, a no rendirse bajo ninguna circunstancia. Esto no significa que debamos abandonar el mundo para enclaustrarnos a orar exclusivamente, sino que aprendamos a colocar todo lo que hagamos en las manos de Dios a través del clamor.
También es oportuno recordar lo expresado en Hebreos 6:12: «a fin de que no seáis perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas.» La Escritura nos muestra que, al despojarnos de la pereza, heredamos las promesas divinas, viendo así el cumplimiento de Jeremías 33:3: «Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.»
Amado Padre, seré diligente, orando en todo tiempo. Amén.
es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
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