«Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el dia malo lo librará Jehová.»
Salmos 41:1
Si bien es cierto que nuestra salvación no es por obras, sino por nuestra fe en nuestro Señor Jesucristo, eso no nos exime de asistir al necesitado, pero esas obras de amor al prójimo no son para ser aprobados por Dios o admirados por los hombres, sino que son para dar los frutos que el amor causa en nosotros. A eso se refiere Santiago 2:15-17 «Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada dia, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Asi también la fe, si no tiene obras, es muerta en símisma.»
Sobre el amor al prójimo, Jesús nos dice en Mateo 22:19 «Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Ese amor al prójimo implica ayudarle en todo, no solamente en la oración, la cual es poderosa y necesaria, sino una ayuda concreta, dar de lo que tenemos al necesitado.
Un ejemplo de ello lo tenemos cuando nuestro Señor Jesús oró por los enfermos en Mateo 14:14 «Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.» Sin embargo, luego se percató de que también necesitaban saciar su hambre material y procedió de inmediato a multiplicar los panes y los peces para alimentar a aquella multitud.
El llamado en este momento es a movernos en el mismo sentido de nuestro Señor Jesucristo, está muy bien que oremos por los enfermos para que sean sanados, pero demos también de lo que tenemos para satisfacer las necesidades de otros, no de lo que nos sobra, sino de lo que tenemos para nosotros mismos, de esa manera se cumple también la promesa de nuestro Señor Jesucristo en Lucas 6:38 «Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medis, os volverán a medir»
Oración
Amado Padre, acompañaré mi fe salvadora con obras de amor y misericordia, no para ser admirado por los hombres, sino, movido por mi amor al prójimo, amén
es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
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