«Si nos hubiésemos olvidado del nombre de nuestro Dios, o alzado nuestras manos a dios ajeno, ¿No demandaría Dios esto? porque él conoce los secretos del corazón.» Salmos 44:20-21
Dios conoce todo de nosotros; Él escudriña el corazón y sabe cuándo somos sinceros en nuestra adoración a Él o si extendemos nuestras manos a algún dios falso.
Sin embargo, cuando nos olvidamos del nombre de Dios, no es solamente que alcemos las manos hacia dioses falsos, sino también cada vez que intentamos resolver los problemas o situaciones que se nos presentan con nuestras propias fuerzas, creyendo que somos más eficaces si dejamos al Eterno fuera de la ecuación, lo que la Biblia llama darle la espalda a Dios; esto también lo demanda Dios. Se trata de personas que son creyentes, asisten a la iglesia, pero en algún momento sacan a Dios de sus vidas de alguna manera; un ejemplo es cuando hay algún área de la vida de la persona que no se la entrega al Altisimo, decisiones que toma sin consultarlo o que se oponen abiertamente a lo que Él les haya indicado.
Cuando un cristiano le da la espalda a Dios, pierde su cobertura y se encuentra bajo su sola responsabilidad; el riesgo para quien tal hace es que tendrá consecuencias en lo espiritual y en lo físico. Bajo la protección de Dios sabemos que vamos a tener victoria en todo lo que emprendamos, a sus espaldas nos va a suceder como al pueblo de Israel que fue saqueado por una potencia extranjera, hechos cautivos en una tierra extraña y perdieron su propio país.
La buena noticia es que Jesús nos enseñó, en la parábola del hijo pródigo, que el Padre siempre está esperando al hijo rebelde con los brazos abiertos para limpiarlo, vestirlo de nuevo y restituirle la autoridad que en su momento tuvo.
Oración: Amado Padre, nunca olvidaré tu nombre, ni te daré la espalda. Amén
es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
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