«Me vestía de justicia, y ella me cubría; como manto y diadema era mi rectitud.» Job 29:14
Este verso trae a mi memoria el primer versículo del libro de Job: «Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.» Y también lo que Dios comenta en el verso 8: «Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?»
A pesar de que Job dice que la justicia lo cubría como un manto y su corona era su rectitud, sabemos que no era esto lo que realmente lo protegía, sino que era Dios mismo quien lo hacía. El verso 10 indica: «¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra.»
Nadie es justificado por sus obras; es Dios quien protege, quien crea un cerco alrededor de las personas y sus bienes, no se trata de lo que nosotros podamos hacer en nuestras propias fuerzas.
Amado Padre, creo que tienes un cerco a mi alrededor que no depende de mí, sino de tu misericordia. Amén.
es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
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