«Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a estos» Juan 18:8
Jesús siempre procuró la protección de sus seguidores. Un claro ejemplo de esto fue cuando se entregó ante los soldados, asegurándoles que era a Él a quien buscaban para que dejaran en paz a quienes lo acompañaban. Esta actitud refleja una de sus características más profundas: su constante disposición a defendernos. Él mismo prometió en Mateo 28:20 que estaría con nosotros hasta el fin del mundo, y es precisamente esa presencia incondicional la que nos garantiza su amparo.
Esta defensa no se limita a lo terrenal, sino que se extiende con mayor fuerza al plano espiritual. El enemigo de nuestras almas acecha continuamente, valiéndose de trampas y tentaciones con el único fin de apagar nuestra vida espiritual. Así lo advierte 1 Pedro 5:8: «Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar». Frente a esta amenaza, Jesús nos recuerda en Juan 10:10 la diferencia entre el opresor y Su gracia: «El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia». Ante esta realidad, nuestra respuesta debe ser acudir siempre al Dador de la Vida, Aquel que permanece a nuestro lado como un escudo inquebrantable.
Amado Jesús, Tú eres escudo a mi alrededor, el enemigo no me puede tocar porque Tú me defiendes. Amén.
es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
Palabra sazonada con sal Juan 18:8
ÉL NOS DEFIENDE
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Palabra sazonada con sal Proverbios 15:18
QUITA LA IRA
«El hombre iracundo promueve contiendas; mas el que tarda en airarse apacigua la …
Palabra sazonada con sal Salmos 46:3
LA IRA DE DIOS
«Aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su brave…