“Por amor de tu nombre, oh, Jehová, perdonarás también mi pecado, que es grande.” Salmos 25:11
Nadie está exento de pecar y nadie puede acercarse a Dios siendo pecador, pareciera que entonces nadie podría ser salvo, la respuesta la tenemos en la labor de Jesucristo.
Él murió para que nosotros fuéramos justificados, es decir, ser declarados inocentes a pesar de ser culpables; por eso dice Hechos 3:19 “Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor.”
La buena noticia es que no importa el pecado que hayamos cometido, si nos arrepentimos y corregimos nuestro camino el sacrificio de Jesús nos redime de pecados.
Recordemos por ejemplo a Pablo, que era perseguidor y asolador de la Iglesia, pero al arrepentirse Dios lo usó para llevar el Evangelio a los no judíos, en la narrativa de su conversión encontramos en Hechos 9:13-15
“Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel”
Amado Padre, no quedará nada oculto que no salga a la luz.
es un reconocido profeta de la fe cristiana, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la palabra de Dios. Con una formación académica en el Seminario Evangélico Pentecostal de las Asambleas de Dios de Venezuela, ha adquirido las habilidades y conocimientos necesarios para predicar y enseñar la palabra de Dios con sabiduría y entendimiento. …
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